Sociedad civil: Agenda pendiente para ejercer su derecho de participación

11 Nov 2013 - 11:40am -- Bernardo Padron

Por Miguel de la Vega Arevalo
@Mig_delaVega

La Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) han buscado de manera histórica ejercer su derecho a participar en las decisiones que atañen a la vida pública del país. Movidas por misiones y causas, han diversificado su actuar desde sus inicios, a través de esquemas de atención a población vulnerable, hasta buscar solucionar las causas de problemas sociales por medio de procesos de incidencia en política pública como medios de participación ciudadana y también, en ocasiones, como contrapeso de los poderes gubernamentales. Este proceso, que ha involucrado a diversas generaciones de OSC, ha ido posicionando en la agenda política, no solo temas de relevancia social, sino también la propia idea de la participación de la sociedad civil organizada en el diseño y toma de decisiones públicas.

Las organizaciones han incidido en la promulgación de leyes, el diseño de programas gubernamentales e introducido la necesidad de nuevas prácticas en la acción gubernamental tales como la transparencia y la rendición de cuentas. Para poder transitar a esquemas de inclusión se demanda de funcionarios y legisladores sensibilidad y apertura para poder integrar demandas de diversos grupos ciudadanos por medio de la creación de espacios de participación en el entendido de su rol como garantes de dicho derecho. Cuando esto no ocurre responsabilizamos al gobierno ya que la cerrazón muchas veces corresponde a una falta de visión acerca de la necesidad, para favorecer una democracia participativa, de contar con prácticas extendidas de participación ciudadana para conveniencia del estado en todos sus niveles. Lo anterior es tan solo una parte de la agenda pendiente de parte de los gobiernos.

Sin embargo las propias organizaciones en pocas ocasiones nos detenemos a pensar que la responsabilidad en la inclusión de la sociedad civil en espacios y procesos de incidencia no es asunto exclusivo de funcionarios y legisladores. Es responsabilidad de la propia sociedad civil entender no solo cuáles son los ciclos de la política pública así como las instancias a las cuales deben interpelar de forma que, literalmente, puedan ejecutar procesos de incidencia en los tiempos y formas más efectivos.

La agenda pendiente de la sociedad civil pasa por entender y desarrollar aquellas capacidades que deben considerarse como medios y procesos necesarios para ejercer un proceso de influencia efectivo.

La falta de capacidades para la incidencia ocasiona que cuando se logra contar con espacios propicios muchas OSC desconocen cómo aprovecharlo o no cuentan con los elementos y la experiencia para realizar una interlocución efectiva y con propuestas viables, no cuentan o no son capaces de obtener recursos para sostener estos procesos a lo largo del tiempo o bien no gozan de autonomía suficiente para hacerlo. Simplemente no saben cómo procurar la apertura de espacios y utilizar estrategias diversas para tal efecto.

Esto también ocasiona ausencia de diálogo o bien diálogos ríspidos, lejanos, entre dos sectores, el gubernamental y el social, que pareciera hablaran lenguas distintas, con procesos y formas de articulación ajenas, y totalmente en desproporción de fuerzas, recursos, poder y capacidad de influencia.

El resultado es que en numerosas ocasiones las OSC son excluidas o bien usadas como ejemplo de una participación ciudadana “simbólica” a través de foros, eventos gubernamentales o diálogos prefabricados por algunos actores gubernamentales. Por otro lado la falta de herramientas, y espacios, conduce a que algunas OSC entiendan la incidencia sólo como acciones confrontativas, poco efectivas y en ocasiones contraproducentes para sus fines.

Cerrando aún más las posibilidades de diálogo constructivo y generando una opinión pública adversa. No descalificamos las acciones de manifestación pública, solo pretendemos compartir que existen una diversidad de elementos y alternativas al alcance de los propios actores sociales.

La reflexión entonces, pretende abordar aquellos retos que las OSC debemos enfrentar hacia el interior de nuestras propias organizaciones para construir capacidades y poder ejercer así una incidencia efectiva para contribuir, en paralelo, a transformar la visión del gobierno, extender las apertura de espacios de comunicación y contribuir al enriquecimiento a las políticas públicas, en aras de brindar respuesta a las necesidades sociales.

Los siguientes son algunos de los aspectos que hemos identificado como agenda pendiente de la sociedad civil:

Herramientas metodológicas para la incidencia:

Es conveniente que las organizaciones consideren en primer lugar qué es y cuál es el ciclo de la política pública. “Recordemos que la política pública es un conjunto de acciones: normas, recursos materiales y financieros. Las políticas públicas además contienen objetivos amplios que deben cumplirse gradualmente. Para tener claridad sobre la forma en que pueden incidir es necesario que  conozcan cómo se construyen […]. El modelo que les presentamos aquí distingue tres etapas […]: la formulación, la implementación y la evaluación”.Es preciso entonces que la OSC identifique el momento en el cual insertar su proceso de incidencia.

Adicionalmente deberá tener claridad acerca de cuál es la instancia más adecuada de interlocución y por último qué estrategia o grupo de estrategias puede utilizar. Alternativas y Capacidades presenta un abanico de opciones para la incidencia entre las que se encuentran:

Investigar y recomendar.

• Acciones de cabildeo no lucrativo con fines sociales.

• Elaboración de materiales y capacitación (a ciudadanos o bien a funcionarios).

• Construcción de alianzas y coaliciones.

• Simbolización de las causas y adhesiones ciudadanas.

• Comunicar para visibilizar y posicionar temas en la agenda pública.

• Procurar apoyo y movilización ciudadana.

• Acciones de contraloría y monitoreo a la acción gubernamental.

• Campañas de presión a la inclusión o toma de decisiones.

• Procesos de responsabilización inclusive con acciones de denuncia.

Sostenibilidad: Para obtener resultados los procesos de incidencia muchas veces toman un tiempo prolongado. Para poder sostener su esfuerzo en el tiempo las organizaciones deben considerar que cuentan con recursos financieros y materiales suficientes, sin embargo la obtención de recursos es el resultado del desarrollo de las capacidades comunitarias (en el caso de colectivos) o bien de las institucionales (en el caso de organizaciones formalmente constituidas). Entre algunas capacidades relevantes se encuentran:

• Diversificación de fuentes de apoyo.

• Habilidades de expresión y comunicación.

• Transparencia y rendición de cuentas.

Autonomía y actuar ético: Para ejercer acciones de interlocución e influencia se requiere también contar con independencia de financiamiento, de toma de decisiones y pensamiento. Si una OSC depende exclusivamente de financiamiento público; si su situación financiera es sumamente frágil; o bien, si no cuenta con buenas prácticas y es en sí misma sujeta a escrutinio público por acciones cuestionables, no podrá incidir con autonomía suficiente.

Tendrá que verse obligada a ajustar su discurso al posicionamiento de terceros sin la validez suficiente para ser tomado como un interlocutor.

Capacidad de formulación de propuestas: Aún cuando la OSC comprenda los efectos y las causas de determinados problemas públicos no necesariamente contará con la capacidad técnica para poder formular mejoras a un programa o legislación.

Precisará entonces de los servicios de consultores externos, alianzas o de la contratación de personal especializado para formular propuestas que no solo respondan a los intereses y voces de aquellos afectados sino que además, cuenten con los elementos técnicos suficientes de la materia en cuestión.

Diversidad de recursos: Un paradigma común es considerar que los recursos financieros o materiales son lo único o lo más relevante en este tipo de procesos.

En realidad los recursos requeridos también son diversos, hay que tomar en cuenta que la OSC podrá influir de forma más efectiva si cuenta con:

Capital social: Como el universo de relaciones que puede atraer otro tipo de recursos, abrir espacios de interlocución o proveer de habilidades y apoyos diversos.

• Articulación: Construcción de alianzas y redes.

• Capacidad comunicativa: De sus procesos y causas pero también como capacidad de escucha para integrar demandas ciudadanas, comunitarias e inclusive académicas o de otros sectores.

• Técnica: En cuanto a desarrollar experiencia metodológica para implementar estrategias de incidencia como las mencionadas.

• Evaluación: Para poder generar aprendizajes y poder conocer cuáles estrategias resultan efectivas para la transformación social.

Uno de los objetivos de la sociedad civil es que la propia incidencia sea efectiva en solventar las causas de un problema y que dicho esfuerzo sea: sustentable, autónomo y participativo, generado a través de alianzas, diverso, incluyente, técnicamente viable y construido en las formas y tiempos más adecuados a los ciclos de la política pública.

Finalmente conviene señalar que en procesos donde se pretende construir mejores condiciones para el sector social es necesario evitar sectorizar.

Para esto es preciso dejar de lado nuestras causas particulares por un momento y enfocarnos en la causa común. La construcción de un marco de fomento a las OSC u otras causas colectivas solo podrán lograr avances si se buscan las coincidencias a través de acuerdos mínimos donde, como nos enseñó la Cumbre Ciudadana de 2012, se logren acuerdos con los “que es posible vivir”. Faltaría entonces, agregar como parte de la agenda, la necesidad de contar con habilidades de negociación, entendida esta como la capacidad de renunciar a determinados intereses individuales en aras de construir propuestas para todos.

La construcción de un marco favorable a la participación ciudadana y la sociedad civil organizada no se construirá solo. Precisa de acuerdos, de ceder, de escuchar, de incluir, de respetar y, por supuesto, de prepararnos para incidir.

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